Textos - Filosofía de la técnica
1) Física – sobre seres naturales y artificiales
Aristóteles (Física II, 192b–193a) distingue:
“De los entes, unos son por naturaleza, otros son producto de otras causas. Por naturaleza son los animales y sus partes, las plantas y los cuerpos simples como la tierra, el fuego, el aire y el agua. En cambio, productos de otras causas son, por ejemplo, la cama o el manto: cada uno de estos objetos, en efecto, y todos los semejantes, no tienen en sí mismos principio de movimiento ni de reposo. […] Las cosas que existen por naturaleza tienen en sí mismas un principio de movimiento y de reposo. […] La naturaleza es, pues, un principio y causa de movimiento y de reposo en aquello en lo que existe primariamente y por sí mismo, y no por accidente” (Aristóteles, trad. Echandía, 1995, pp. 125–126).
Referencia completa:
Aristóteles. (1995). Física (G. R. de Echandía, Trad.). Gredos. (Obra original publicada ca. 350 a. C.)
Aristóteles (Metafísica I, 980a–981b) afirma:
“Por naturaleza, los animales nacen dotados de sensación; pero ésta no engendra en algunos la memoria, mientras que en otros sí. […] Los demás animales viven con imágenes y recuerdos, y participan poco de la experiencia. Pero el género humano dispone del arte y del razonamiento. Y del recuerdo nace para los hombres la experiencia, pues muchos recuerdos de la misma cosa llegan a constituir una experiencia. […] La experiencia parece, en cierto modo, semejante a la ciencia y al arte, pero la ciencia y el arte llegan a los hombres a través de la experiencia. […] Nace el arte cuando de muchas observaciones experimentales surge una noción universal sobre los casos semejantes. […] Consideramos más sabios a los conocedores del arte que a los expertos, pensando que la sabiduría corresponde a todos al saber. Y esto, porque unos saben la causa, y los otros no. Pues los expertos saben el qué, pero no el porqué; aquellos, en cambio, conocen el porqué y la causa” (Aristóteles, trad. García Yebra, 1994, pp. 83–85).
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Referencia completa:
Aristóteles. (1994). Metafísica (V. García Yebra, Trad.). Gredos. (Obra original publicada ca. 350 a. C.
3) René Descartes, en la Parte VI del Discurso del método (1637/2004), escribe:
Es posible llegar a conocimientos que sean de gran utilidad en la vida y, en lugar de la filosofía especulativa enseñada en las escuelas, se puede encontrar una práctica por la cual, conociendo la fuerza y las acciones del fuego, del agua, del aire, de los astros, de los cielos y de todos los demás cuerpos que nos rodean, tan claramente como conocemos los oficios de nuestros artesanos, podremos emplearlos del mismo modo en todos los usos a que sean apropiados, y así hacernos como dueños y poseedores de la naturaleza. Esto no es sólo de desear para la invención de una infinidad de artificios que nos harían disfrutar sin trabajo de los frutos de la tierra y de todas las comodidades que en ella se encuentran, sino también y principalmente para la conservación de la salud, que es sin duda el primer bien y el fundamento de todos los demás bienes de esta vida. (…) Y aunque mi intención no es enseñarla aquí en particular, estimo que no podría dejar de manifestar lo que he aprendido, pues obliga a todos a procurar en cuanto está de su parte el bien general de los hombres. (Descartes, 1637/2004, p. 65)
Descartes, R. (2004). Discurso del método (M. García Morente, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1637)
4) Francis Bacon, en el Novum organum (1620/2003), afirma:
El hombre, servidor e intérprete de la naturaleza, ni obra ni comprende más que en proporción de sus descubrimientos experimentales y racionales sobre las leyes de esta naturaleza; fuera de ahí, nada sabe ni nada puede. Ni la mano sola ni el espíritu abandonado a sí mismo tienen gran potencia; para realizar la obra se requieren instrumentos y auxilios que tan necesarios son a la inteligencia como a la mano. Y de la misma suerte que los instrumentos físicos aceleran y regulan el movimiento de la mano, los instrumentos intelectuales facilitan o disciplinan el curso del espíritu. La ciencia del hombre es la medida de su potencia, porque ignorar la causa es no poder producir el efecto. No se triunfa de la naturaleza sino obedeciéndola, y lo que en la especulación lleva el nombre de causa conviértese en regla en la práctica. Toda la industria del hombre estriba en aproximar las sustancias naturales unas a otras o en separarlas; el resto es una operación secreta de la naturaleza. Los que habitualmente se ocupan en operaciones naturales, son: el mecánico, el médico, el matemático, el alquimista y el mago; pero todos (en el estado actual de las cosas) lo hacen con insignificante esfuerzo y mediano éxito. (Bacon, 1620/2003, p. 43)
Bacon, F. (2003). Novum organum (A. Lorquet, Trad.). Tecnos. (Obra original publicada en 1620)
5) Marx
📖 Marx – La gran industria y las máquinas
En El Capital (Libro I, 1867), Marx escribe:
La máquina, gracias a la revolución industrial, sustituye al obrero que maneja una herramienta por un mecanismo que se maneja él mismo, y que requiere sólo la vigilancia y la intervención del trabajador. Con la máquina, la fuerza motriz se convierte en motor de la herramienta. En el sistema maquínico, la ciencia misma, producto general del desarrollo social, se incorpora materialmente al proceso de producción. El trabajador se convierte en un mero apéndice de la máquina, y de hecho sólo se requiere de él la operación más simple, más monótona y más fácil de aprender. (…) La gran industria convierte la ciencia en potencia autónoma y extraña, que se enfrenta al trabajador como poder ajeno y dominante. (Marx, 1867/2017, p. 451)
Referencia:
Marx, K. (2017). El Capital. Crítica de la economía política. Libro I (P. Scaron, Trad.). Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1867)
6) Max Weber - Racionalización y desencantamiento del mundo
Max Weber, en La ciencia como vocación (1919), señala:
El destino de nuestra época, caracterizado por la racionalización, la intelectualización y, sobre todo, por la “desencantación del mundo”, significa que ya no podemos recurrir, como lo hacían los salvajes, a los poderes mágicos para dominar o implorar a los espíritus. Más bien, confiamos en la técnica y en el cálculo. Esto no quiere decir que hoy, en el plano de lo empírico, todo lo sepamos o podamos prever, sino que creemos que, si quisiéramos, podríamos llegar a saberlo en cualquier momento: en principio no hay fuerzas misteriosas e incalculables que intervengan, sino que todo puede ser controlado mediante el cálculo. Esto significa que el mundo ha quedado desencantado. (Weber, 1919/2007, p. 30)
Referencia:
Weber, M. (2007). La ciencia como vocación (F. Rubio Llorente, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1919)
📖 La burocracia y el dominio racional
En Economía y sociedad (1922), Weber describe:
La burocracia plenamente desarrollada constituye la forma más racional de dominación. El dominio legal se fundamenta en la creencia en la legalidad de normas estatuidas y en el derecho de mando de quienes ejercen el poder en virtud de esas normas. Lo característico de la burocracia moderna es que dentro de su marco administrativo se ejerce la autoridad en virtud de competencias objetivas establecidas por normas. Cada cargo tiene un ámbito de competencia fijo, delimitado con precisión por normas, leyes o reglamentos. Dentro de esta esfera de competencia, el funcionario tiene la obligación de desempeñar sus tareas de manera impersonal y objetiva, sin dejarse guiar por consideraciones personales. (Weber, 1922/2014, p. 217)
Referencia:
Weber, M. (2014). Economía y sociedad (J. Winckelmann, Ed.; J. Medina Echavarría, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1922)
📖 La “jaula de hierro”
En La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1905), Weber advierte:
El espíritu del capitalismo, nacido de la ética protestante, ha creado una organización económica racional basada en el trabajo sistemático, la disciplina y la previsibilidad. Sin embargo, esa organización, una vez constituida, se ha hecho independiente de sus fundamentos religiosos. Hoy debemos decir: el capitalismo ha devenido un cosmos gigantesco en el que el individuo está atrapado, quiera o no, hasta que la última tonelada de carbón haya sido consumida. En este cosmos, el ser humano nace y encuentra, por así decirlo, un orden económico como una jaula de hierro, del cual apenas puede escapar y en el cual está obligado a vivir. (Weber, 1905/2003, p. 181)
Referencia:
Weber, M. (2003). La ética protestante y el espíritu del capitalismo (J. Moreno, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1905)
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